martes, 27 de abril de 2010


MANDALAS NATURALES
Autora: CELINA MONES CAZON



“Hace muchísimo tiempo, existía algo desprovisto de nombre y de forma desconocida que ocultaba el cielo y la tierra. Al verlo los dioses, lo agarraron comprimiéndolo contra el suelo, con la cara hacia abajo. Una vez arrojado al suelo los dioses lo retuvieron pegado a este. Brama hizo que los dioses lo ocuparan y lo llamo vastu purusha mandala” (texto hindu)


La palabra mandala proviene del sanscrito y significa círculo sagrado o mágico. En todas las culturas humanas encontramos el mandala bajo muchas variantes: como planas de un templo o lugar sacro, en la danza sagrada y en la representación de los misterios, como círculo mágico pintado en la arena para conjurar, como imagen meditativa muy diferenciada o también en la arquitectura eclesiástica y en la pintura miniaturista.
Tres principios ordenadores disponen la estructura de un mandala: el punto central, la irradiación desde el centro y la delimitación externa del círculo. El punto central es el misterioso núcleo espiritual energético, el ámbito en que nace toda existencia en espacio y tiempo. La emanación, la irradiación procedente del centro tiende hacia fuera hasta el contorno limítrofe, la circunferencia, enlazando lo interno con lo externo y fluctúa, por ultimo, desde la periferia volviendo al núcleo mas intimo. Todo mandala esta pues concentrado en el núcleo, del que todo movimiento parte y al que todo conduce. El centro aparece como principio y fin de todos los caminos posibles. Un antiguo proverbio reza así: “Si quieres comprender el punto, explora el circulo.”

Más allá de su definición como palabra, desde el punto de vista espiritual es un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente.
También se le define como un sistema ideográfico contenedor de un espacio sagrado.
Los mandalas son utilizados desde tiempos remotos. Tienen su origen en la India y se propagaron en las culturas orientales, en las indígenas de América y en los aborígenes de Australia.
En la cultura occidental, fue Carl G. Jung, quien los utilizó en terapias con el objetivo de alcanzar la búsqueda de individualidad en los seres humanos.
Jung solía interpretar sus sueños dibujando un mandala diariamente, en esta actividad descubrió la relación que éstos tenían con su centro y a partir de allí elaboró una teoría sobre la estructura de la psique humana.

Según Carl Jung, los mandalas representan la totalidad de la mente, abarcando tanto el consciente como el inconsciente. Afirmó que el arquetipo de estos dibujos se encuentra firmemente anclado en el subconsciente colectivo.

Los mandalas también son definidos como un diagrama cosmológico que puede ser utilizado para la meditación.
Consiste en una serie de formas geométricas concéntricas organizadas en diversos niveles visuales. Las formas básicas más utilizadas son: círculos, triángulos, cuadrados y rectángulos.
Estas figuras pueden ser creadas en forma bidimensional o tridimensional.
Por ejemplo, en la India hay un gran número de templos realizados en forma de mandalas.
Los diseños son muy variados, pero mantienen características similares: un centro y puntos cardinales contenido en círculos y dispuestos con cierta simetría.

Por todas partes vemos estructuras de mandalas. El ingenio humano ha creado formas de mandala para su ámbito cotidiano; pensemos en la rueda, el torno del alfarero o la esfera del reloj. La mayor riqueza en mandalas la origina, sin embargo, la naturaleza misma. En ningún lugar nos impresiona tanto la belleza del mandala como en el encanto de las flores y capullos, en el corte transversal de frutos, ramas troncos y raíces del mundo vegetal reconocemos con claridad la estructura de mandala, así como en la construcción de los nidos de los pájaros y en la tela de la araña. En el microcosmos los encontramos en los seres vivos unicelulares o en células de organismos vegetales y animales, así como en algunas fascinantes estructuras cristalinas y moleculares. En el ámbito sub-microscópico o no accesible a la percepción óptica pero si registrable en modelos matemáticos ciertos, sabemos hoy de la figura del mandala en incluso los mas pequeños elementos constitutitos de la materia, los átomos, estructurados como un sistema solar. El macrocosmos, nuestra tierra, así como el sol con los siete planetas que giran a su alrededor, representan un mándala. El sol a su vez se une con muchos otros sistemas solares en un mandala en forma de espiral: la Via Lactea. Muchas galaxias que se mantienen vinculadas por un potente campo energético, parecen, según el conocimiento actual, vibrar juntas en un mandala cósmico infinitamente grande. Todo el universo, por ultima, con sus espacios intergalácticos, esta partiendo de sus miríadas de brillantes soles, surcado y pulsado por campos de energía electromagnética que se expanden fluctuando en forma de mandalas y enlazan invisiblemente todos los campos celestiales, haciéndolos quizás incluso comunicarse misteriosamente unos con otros.

Esta grandeza del universo que sobrepasa infinitamente nuestra capacidad de comprensión y los procesos energéticos que en el se desarrollan, hacen suponer que detrás de todas las imágenes fenoménicas externas, se hallan relaciones mas profundas y espirituales. No comprenderemos la vida humana en su totalidad si no dirigimos nuestra conciencia hacia los ámbitos trascendentales de la existencia.

En el ámbito cultural cristiano occidental encontramos el mandala como expresión de experiencias espirituales o representaciones del mundo, como la imagen de la totalidad, por ejemplo en la pintura religiosa y la arquitectura eclesiástica. Los mandalas más impresionantes irradian en los rosetones de las catedrales góticas. El centro esta dedicado a los más elevados principios espirituales personificados de la religión cristiana: Dios Padre, Espíritu Santo, Cristo y María-Sofía. En los cuatro puntos cardinales de la cruz cósmica aparecen a menudo los cuatro evangelistas o sus símbolos. La impresión profundamente mística que producen en el observador las maravillosas vidrieras góticas señala, también aquí, factores de la existencia más Allá de formas fenoménicas externas, más allá del mundo visible habitual.

En representaciones artísticas agnósticas y alquimistas encontramos igualmente mandalas en los cuales se simbolizan relaciones espirituales. Como ultimo de estos pocos ejemplos, mencionamos la idea de un mandala arquetípico humano en la filosofía de Platón, como el de un ser humano esférico completamente redondo, que aúna en si lo masculino y lo femenino, simbolizando una imagen arquetípica andrógina.

El laberinto como mandala
Aunque se desconoce su origen o la cultura que descubrió este símbolo, según la mitología griega el laberinto era un palacio construido por Dedalo en Creta y estaba habitado por una criatura fantástica mitad hombre, mitad toro, el minotauro.
El laberinto es uno de los símbolos más antiguos, encontrándose ya desde la prehistoria en todas las civilizaciones. En tallas rupestres, en mosaicos y/o construido en los jardines de los palacios, aparece en cuentos, mitos y leyendas.
Aunque su forma puede variar, en esencia el laberinto parte de una cruz y se extiende en círculos que acaban formando un camino entrelazado. La misión simbólica del laberinto es proteger el centro, es decir, el acceso iniciático a lo sagrado o inmortal. El laberinto originalmente señalaba el camino hacia las entrañas de la tierra o hacia el interior de uno mismo.


En conclusión, los mandalas son la consecuencia última del intento del hombre por imitar a la naturaleza en sus patrones de orden, mediante la armonía, el equilibrio y la unificación; dando forma a la realidad, la cual puede ser comprendida desde el centro de la misma, es decir, desde el “Bingu” o del interior de quien la percibe.

jueves, 8 de abril de 2010




Meditación sobre el Padrenuestro...
Escrito por Karina Lobato



(Lo que pedimos cuando rezamos esta oración)
“PADRE NUESTRO....”
No hay en el lenguaje humano ninguna palabra en que se condense toda la Buena Nueva que Cristo trajo a la tierra, como en la palabra que el hombre dirige a su Dios llamándole: Padre.
Dios, nuestro Padre, nosotros sus hijos. La palabra Padre la repite Cristo muchísimas veces, tanto en sus sermones a los judíos y apóstoles como en sus oraciones. Especialmente se ve esto en los Evangelios de San Mateo y San Juan. San Mateo trae esta palabra 44 veces, Juan cerca de 115 veces. De esto se deduce cuán profundamente impresionó esta palabra a los apóstoles y cuánto se grabó en su memoria.
Al poner esta palabra al principio de su oración, Cristo quería producir en nosotros los mismos sentimientos que El abrigaba. Por eso se puede comprender cuánto le agrada el que este pensamiento fundamental de su trato con Dios halle un eco fiel en nuestras oraciones. Cuando un niño no conoció a su padre como la imagen perfecta del amor providencial, y no creció al calor de este amor, siempre sentirá la falta de uno de los aspectos más felices de su vida. Lo mismo acaece en el hombre que no aprendió sentirse hijo de Dios. A él no le queda más remedio que pedir con toda reverencia como los discípulos: "Señor, enséñanos a orar".
¡Padre! ¡ Cuán feliz me siento en la convicción de tener por Padre a Dios, el Eterno e Inmenso, el Creador y Señor de todas las cosas creadas! ¡ Qué ánimo y aliento, qué confianza en todas las situaciones de mi vida me da esta seguridad! ¡ Oh Padre mío, yo creo en tu eterno amor para conmigo! Cuán fielmente cumpliste siempre tus obligaciones de Padre conmigo! Yo a mi vez quiero ser fiel hijo tuyo y buen hermano de tus hijos, mis hermanos en la tierra, ante todo de tu Hijo que me recuperó los derechos perdidos de ser hijo tuyo.

“QUE ESTAS EN EL CIELO...”
Allí arriba donde vive mi Padre, está mi patria y mi casa paterna. ¡Cuán pequeña parece ante esto la pobre tierra con sus sufrimientos y gozos pasajeros, con sus cuitas y placeres! Voy a guardar viva en mi alma siempre una verdadera nostalgia del cielo. Ella fortalecerá mi voluntad con el propósito decidido de una vida sin mancha, y preservar mi alma del deseo de enamorarse de objetos terrenos y de buscar mi consuelo en las cosas de la tierra.

“SANTIFICADO SEA TU NOMBRE...”
Que tu, oh Padre, encuentres en el mundo aquella gloria externa que se te debe en la vida pública y privada de los hombres, en la ciencia y las bellas artes, en la técnica y en la vida política, ante todo en la práctica de las virtudes de tus hijos! ¡ Ojalá todo sea dirigido para promover tu honra y gloria! Esta es mi primera aspiración en todas mis oraciones, como es el principal interés de los hijos buenos que el padre de familia sea honrado y amado de todos. Oh querido Padre que estás en los cielos, necesito pedirte muchas cosas: soy pobre y necesito mi pan cotidiano; soy más pobre porque necesito el perdón de mi culpa: soy aún más pobre, porque necesito ser librado siempre de nuevos peligros; soy pobrísimo, porque necesito ser preservado de la perdición eterna. Pero todas esas cosas no han de ser lo primero que te pido. El primer y principal objeto de todos mis anhelos es que tu nombre sea santificado. ¡Ojalá toda mi vida sea dedicada a conseguir este fin primordial de todos los hombres de la tierra!

“VENGA A NOSOTROS TU REINO...”
Nosotros somos tu propiedad y posesión, oh Señor. Fortalece en nuestros corazones la convicción de ser tuyos a fin de no servir a nadie fuera de Tí. No permitas que el espíritu del mundo reine en perjuicio de las almas inmortales. Refrena la incredulidad, la soberbia y la sensualidad. Extiende tu reino por medio de la propagación de la fe entre todos los pueblos de la tierra, por la libertad y exaltación de la Iglesia, por la multiplicación de su influjo en todas las manifestaciones de la vida a su alcance, para ennoblecer la sociedad y poder llevarla a su verdadera felicidad. Toma posesión de los corazones de todos los hombres a fin de que puedan llegar a ser herederos de tu reino eterno.

“HAGASE TU VOLUNTAD...”
Estas palabras tienen un sentido doble. Hay una voluntad de Dios que el hombre tiene que cumplir con sus obras. Hay otra que debe respetar y sufrirla con paciencia. Mas ambas voluntades debemos tomar como con ambas manos. De ahí que esta petición contiene primero el sincero propósito de cumplir la voluntad de Dios; segundo, la generosa resolución de aceptar todas las disposiciones de la Divina Providencia, aun las más pesadas y dolorosas, con plena sumisión y entrega de si mismo; tercero, el fervoroso ruego por el auxilio de la divina gracia para el constante cumplimiento de estos propósitos. Toda mi felicidad y mi valor depende de si me someto con toda mi alma a la voluntad de Dios o no. Yo renuncio a mi propia voluntad y a mis deseos particulares. ¿Qué importa todo eso, con tal que se cumpla la voluntad de Dios? Sólo aquello tiene razón de ser, que deriva de la siempre santa, siempre amable, siempre bondadosa voluntad divina y está en conformidad con ella. Danos, oh Padre, tu poderosa gracia que nos hace abrazar y cumplir siempre lo que Tú quieres, y nos mantiene firmes y fuertes en todo lo que dispone o permite tu santa Providencia.

“EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO...”
En el cielo ya no hay desobediencia, ni murmuración, ni tardanza, ni vacilación en el cumplimiento de la voluntad divina. Allí todos quieren sólo lo que Dios quiere, y lo quieren con amor puro. El perfecto cumplimiento de la divina voluntad es la bienaventuranza de todos los bienaventurados. Ojalá también nosotros en la tierra no trabajáramos por ningún otro ideal que el cumplir, como los ángeles y santos del cielo, la voluntad de Dios, en lo grande como en lo pequeño con toda perfección asequible con el auxilio de la divina gracia. El fiat (hágase en mí según tu palabra) de la Madre de Dios dio la señal para que se verifique el gran misterio de la Encarnación del Verbo Eterno con todas las bendiciones que de ahí vinieron sobre los hombres. Otro fiat de la boca del Divino Salvador en el jardín de Getsemaní significaba la aceptación del cáliz de la Pasión para el ofrecimiento del sacrificio cruento, por el cual el Cordero de Dios quitó los pecados del mundo y nos abrió el cielo. En la misma línea está ahora el fiat que el divino Maestro pone en nuestra boca en el Padre nuestro, y que diariamente sube de nuestros labios a las alturas del cielo. Digamos, pues, este nuestro fiat con el mismo espíritu y con la misma generosidad con que El y su santísima Madre pronunciaron el suyo. Hasta aquí, el devoto que ora, piensa más en el Padre celestial que en sí mismo. El defiende más los intereses de Dios que lo suyos propios. Es evidente que con ello procura, a la vez, en realidad, su propia felicidad. En estas tres primeras peticiones está el centro de gravedad del Padre nuestro; y cuanto más ellas llenan nuestra alma, tanto más fuerza tendrán ante Dios las siguientes peticiones, en las que recomendamos a la bondad divina nuestros propios asuntos y aspiraciones diciendo implícitamente: Por la gloria de tu santo nombre, danos, oh Padre, el pan de cada día, perdónanos nuestras deudas, no nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal.

“DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DIA...”
Bajo el concepto de "pan de cada día" que pedimos para todo el género humano, entendemos en primer término todos los bienes materiales y espirituales que el hombre necesita para la vida terrenal y existencia digna a su naturaleza. Llama nuestra atención que, cuando las peticiones anteriores, abrazan el cielo, la tierra y la eternidad, ésta se concreta al día que pasa y al pan que necesitamos. Esta petición debe ser condicional, esto es, unida a la anterior a la que pedimos que se haga la voluntad de Dios en todas las cosas. Así pedimos aquí que nos dé el pan de cada día, si así es su santa voluntad. Incondicional debe ser esta petición sólo cuando la referimos al pan de la divina gracia que diariamente necesitamos, o al pan de la Hostia divina. El recuerdo del Santísimo Sacramento es el pensamiento más hermoso y tierno que la palabra "pan" puede sugerirnos. Que siempre aumente el número de los fieles que reciben diariamente este pan celestial y que con ellos se multiplique el número de aquellos en que Cristo vive y reina y que viven en Cristo; esto significaría el más perfecto cumplimiento de esa petición, la solución de la atormentadora cuestión por el pan cotidiano que tanto interesa a los hombres. Muy convenientemente se une a esta petición la Comunión espiritual, a la vez que el ruego por aquellos pobres, a quienes falta el pan del día. No en balde Cristo acentúa tanto en esta y en las siguientes peticiones el concepto de familia que prima en ellas, que se llega a pensar que, no se nos concedería ningún pedido personal, que no alcance a la vez a todos nuestros hermanos.

“PERDONA NUESTRAS OFENSAS COMO TAMBIEN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN...”
Esta petición intenta mantener vivo en nosotros el espíritu de penitencia. El perdón de los pecados es la necesidad más urgente del caído género humano. No hay cosa que oprima tanto como una culpa no expiada. Ahora bien, el precio del perdón de toda la culpa del hombre lo pagó Cristo por medio de sus infinitos méritos, adquiridos por su vida, pasión y muerte. Pero la aplicación de estos méritos al alma exige su cooperación a la gracia. Esta cooperación no prestan, desgraciadamente, millares de almas. Para todas ellas pedimos nuevas y más abundantes gracias de perdón y conversión. En esto estriba el significado de esta petición. Al formularla no pensamos solamente en nuestra culpa personal, sino también en la de nuestra familia, de nuestros hermanos y allegados, de nuestro pueblo, patria y de todo el linaje humano. Este apostolado de la oración, esta petición por la conversión de los pecadores, disidentes, infieles y paganos, es una obra excelente de misericordia que cada cual puede hacer. En todo ello hay que tener presente que Dios nuestro Señor es Padre bondadosísimo, inclinado por naturaleza a usar de misericordia donde quiera que note alguna buena voluntad en el hombre. No creamos algo de Dios que tendríamos reparo o vergüenza de creer de nuestro propio padre. Para nosotros pedimos la gracia de recibir siempre dignamente el Sacramento de la Penitencia y de no engañarnos acerca de la seriedad de nuestra contrición y sinceridad de nuestros propósitos, prometiendo a la vez cumplir con la condición expresada en las palabras que agregamos: "como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". El perdón que Dios nos concede está en relación exacta con la conducta que nosotros observamos con nuestros prójimos (Mat. 7, 2). Un silencioso y sincero: "Perdona nuestras ofensas" por la salud de nuestro prójimo es la mejor contestación al rencor y la antipatía natural que se levanta en nuestro interior, y constituirá nuestro perdón y justificación ante el tribunal divino.

“NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACION...”
En esta petición imploramos, nos preserve Dios de nuestros pecados, confesión que avergüenza nuestro orgullo. No podemos confiar en nosotros mismos. La historia de nuestra vida es en su mayor parte la historia de nuestras derrotas en las tentaciones. Sólo el que se teme a si mismo y confía en el auxilio de Dios, está seguro de no pecar. Al pedir que Dios no nos deje caer en las tentaciones, nos obligamos, a la vez, a evitar todas las ocasiones de pecado y emplear los medios necesarios para no pecar. Adviértase aquí el plural "nos". Lo que cada cual pide para sí, lo implora igualmente para todos sus prójimos. ¡Con qué insistencia surgirá muchas veces de los corazones buenos y celosos de la salvación de las almas esta petición a favor de las que se hallan confiadas a su cuidado, especialmente para conservar la inocencia de la vida! ¡Cuán necesaria es tal oración, ante todo en la época actual en que toda la atmósfera se halla envenenada del olor pestífero de la tentación!

“Y LIBRANOS DEL MAL...”
Líbranos de todo lo que significa en realidad un mal. Luego, no de las cruces de la vida, puesto que ellas no son un verdadero mal, sino gracias divinas; pero sí, de las consecuencias del pecado, de la ceguera del espíritu y de la flojedad de la voluntad, de todo influjo del mal en cuanto nos separa de Dios y del cielo; ante todo para nosotros y para todos nuestros allegados, de la consecuencia más funesta del pecado y del mal más grande, que es la perdición eterna. Oh Padre celestial, líbranos de la pena eterna del infierno. Defiende, Señor, a tu pueblo: límpiale, bondadoso, de todos los pecados: pues no le dañará ninguna adversidad mientras no le domine alguna maldad.

AMEN...!!!



http://rcc.org.ar/content/view/93/9/

jueves, 25 de febrero de 2010


LAS 7 LEYES ESPIRITUALES DEL ÉXITO

DEEPAK CHOPRA

1994




LA LEY DEL "KARMA" O DE CAUSA Y EFECTO

Cada acción genera una fuerza de energía que regresa a nosotros de igual manera...
Cosechamos lo que sembramos.
Y cuando optamos por acciones que les producen alegría y éxito a los demás, el fruto de nuestro karma es también alegría y éxito.

El karma es la afirmación eterna del libre albedrío... Nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos son los hilos de la red que tendemos a nuestro alrededor.
SWAMI VIVEKANANDA

La tercera ley espiritual del éxito es la ley del karma. El "karma" es a la vez la acción y la consecuencia de esa acción; es causa y efecto al mismo tiempo, porque toda acción genera una fuerza de energía que vuelve a nosotros de igual manera. No es desconocida la ley del karma; todo el mundo ha oído la expresión "Cosechamos lo que sembramos". Es obvio que si deseamos crear felicidad en nuestra vida, debemos aprender a sembrar las semillas de la felicidad. Así, el karma entraña la acción que resulta de las decisiones conscientes.
En esencia, todos somos escogedores de opciones infinitas. En todo momento de nuestra existencia estamos en el campo de todas las posi¬bilidades, donde tenemos acceso a un número in¬finito de opciones. Algunas de estas opciones se escogen conscientemente, mientras que otras se eligen inconscientemente. Pero la mejor ma¬nera de comprender y utilizar al máximo la ley kármica es que seamos conscientes de las decisio¬nes que tomamos en todo momento.
Sea que nos guste o no nos guste, todo lo que está sucediendo en este momento es producto de las decisiones que tomamos en el pasado. Infor¬tunadamente, muchos de nosotros escogemos in¬conscientemente, y, por tanto, no nos damos cuenta de que estamos frente a un abanico de op¬ciones; sin embargo, lo estamos.
Si yo insultara a alguien, lo más seguro es que esa persona optara por ofenderse. Si yo le hi¬ciera un cumplido, lo más probable es que optara por sentirse complacida o halagada. Pero pense¬mos en esto: siempre hay una opción. Yo podría insultarla, y esa persona podría optar por no ofen¬derse. Yo podría hacerle un cumplido, y ella podría optar por no permitir que mi elogio la afectara.
En otras palabras, la mayoría de nosotros - aunque escogedores de opciones infinitas - nos hemos convertido en haces de reflejos condicio¬nados, los cuales son constantemente provoca¬dos por las personas y las circunstancias, en for¬ma de comportamientos predecibles. Estos reflejos condicionados son como los de Pávlov. Pávlov se hizo famoso por demostrar que si se le da algo de comer a un perro cada vez que suena una campa¬na, pronto el perro comienza a salivar cuando oye la campana, porque asocia un estímulo al otro.
La mayoría de nosotros, como consecuencia del condicionamiento, respondemos de manera repetitiva y predecible a los estímulos de nuestro medio ambiente. Al parecer, nuestras reacciones son provocadas automáticamente por las perso¬nas y por las circunstancias, y así olvidamos que esas reacciones son opciones que escogemos en cada momento de nuestra existencia. Sucede simplemente que escogemos esas opciones incons¬cientemente.
Si nos detenemos un momento y observamos las opciones que escogemos en el instante mismo en que las escogemos, ese simple acto de conver¬tirnos en espectadores nos permite sacar todo el proceso del reino del inconsciente para traerlo al reino de la conciencia. Este procedimiento de elección y de observación conscientes da mucho poder.
Cuando hagamos una elección - cualquier elección - hagámonos dos preguntas. En primer lugar: "¿Cuáles son las consecuencias de escoger este camino?" El corazón nos lo dirá inmediata¬mente. Y en segundo lugar: "¿Traerá esta decisión que estoy tomando felicidad para mí y para quie¬nes me rodean?" Si la respuesta es afirmativa, si¬gamos adelante. Si la respuesta es negativa, si se trata de una opción que nos traerá sufrimiento a nosotros o a quienes nos rodean, abstengámonos de escoger ese camino. Es así de sencillo. Solamente hay una opción, entre el número infinito de opciones que se presentan a cada se¬gundo, que puede traernos felicidad a nosotros y a quienes nos rodean. Elegir esta opción produce una forma de comportamiento que se conoce con el nombre de acción correcta espontánea. La ac¬ción correcta espontánea es la acción apropiada que se toma en el momento oportuno. Es la res¬puesta correcta a cada situación, en el momento en que se presenta. Es la acción que nos nutre, a nosotros y a todas las demás personas a quienes ella afecta.
El universo tiene un mecanismo muy intere¬sante para ayudarnos a tomar decisiones correc¬tas espontáneamente. Este mecanismo se relacio¬na con las sensaciones del cuerpo, las cuales son de dos tipos: de bienestar o de malestar. En el ins¬tante mismo en que estemos tomando una deci¬sión conscientemente, prestemos atención a nues¬tro cuerpo y preguntémosle: "¿Qué pasa si opto por esto?" Si el cuerpo nos envía un mensaje de bienestar, es la decisión correcta; si da señales de malestar, entonces no es el camino apropiado.
Algunas personas sienten el mensaje de bien¬estar o malestar en la zona del plexo solar, pero la mayor parte de la gente lo siente en el área del corazón. Prestemos conscientemente atención al corazón y preguntémosle qué debemos hacer. Des¬pués esperemos la respuesta - una respuesta físi¬ca en forma de sensación. Podrá estar en el nivel más sutil de sensación, pero estará ahí, en nues¬tro cuerpo.
Sólo el corazón sabe la respuesta correcta. La mayoría de las personas piensan que el corazón es sensiblero y sentimental, pero no es así. El cora¬zón es intuitivo; es holístico, es contextual, es relacional. No se orienta a perder o a ganar. Tie¬ne acceso al computador cósmico - el campo de la potencialidad pura, del conocimiento puro y del infinito poder organizador - y toma todo en cuenta. En algunas ocasiones, quizás no parezca razonable, pero la verdad es que su capacidad de computación es mucho más exacta y mucho más precisa que la de cualquier cosa que se encuentre dentro de los límites del pensamiento racional.
Podemos utilizar la ley del karma para crear di¬nero y abundancia, y hacer que todas las cosas buenas fluyan hacia nosotros cuando lo deseemos. Pero primero debemos tomar conciencia de que el futuro es el producto de las decisiones que tomamos en cada momento de nuestra vida. Si ha¬cemos esto con regularidad, estaremos utilizando plenamente la ley del karma. Cuanto más traiga¬mos nuestras decisiones al plano de la conciencia, más podremos escoger aquellas opciones que sean correctas espontáneamente - tanto para noso¬tros como para quienes nos rodean.

¿Qué pasa con el karma del pasado y cómo influye en nosotros ahora? Con respecto al karma pasado, se pueden hacer tres cosas: La primera es pagar las deudas kármicas. La mayoría de la gente escoge hacer esto - inconscientemente, claro está. Ésta también puede ser nuestra opción. Al¬gunas veces, el pago de esas deudas implica mu¬cho sufrimiento, pero la ley del karma dice que en el universo jamás queda una deuda pendiente. El sistema contable de este universo es perfecto, y todo es un intercambio constante, de un lado a otro, de energía.
La segunda posibilidad es transformar o con¬vertir el karma en una experiencia más deseable. Éste es un proceso muy interesante, en el cual uno se pregunta, mientras paga la deuda kármica: "¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Por qué me está sucediendo esto y cuál es el mensaje que el universo trata de comunicarme? ¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres humanos?"
Haciendo esto, buscamos el principio de la oportunidad, para luego unirlo con nuestro dharma, o sea el propósito de nuestra vida, del cual hablaremos en la séptima ley espiritual del éxito. Esto nos permite convertir el karma en una nue¬va experiencia.
Si, por ejemplo, nos fracturamos una pierna practicando un deporte, podríamos preguntarnos: "¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Cuál es el mensaje que el universo trata de comunicar¬me?" Quizás el mensaje sea que necesitamos to¬mar las cosas con calma y tener más cuidado o prestar más atención a nuestro cuerpo la próxima vez. Y si nuestro dharma es enseñar a otros lo que sabemos, entonces al preguntarnos: "¿Cómo pue¬do hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres humanos?", podríamos optar por compartir lo que aprendimos escribiendo un libro sobre la manera de practicar deportes sin ries¬go; o podríamos diseñar un zapato especial o un protector para las piernas que evitara ese tipo de lesión.
De este modo, a la vez que pagamos nuestra deuda kármica, habremos convertido la adversi¬dad en un beneficio que puede traernos riqueza y realización. En eso consiste la transformación del karma en una experiencia positiva. En realidad, no nos hemos librado de nuestro karma, pero po¬demos aprovechar un episodio kármico para crear un karma nuevo y positivo a partir de él.
La tercera manera de enfrentar el karma es trascendiéndolo. Trascender el karma es indepen¬dizarse de él. La manera de trascender el karma es entrar constantemente en el espacio de la conciencia pura para sentir el yo, el espíritu. Es como lavar un trapo sucio en una corriente de agua; cada vez que se lava, desaparecen algunas man¬chas, y si se lava una y otra vez, cada vez queda más limpio. Limpiamos o trascendemos el karma entrando y saliendo del espacio de la conciencia pura. Esto, claro está, se hace mediante la prácti¬ca de la meditación.
Todos los actos son episodios kármicos; beber una taza de café es un episodio kármico. Esa ac¬ción genera recuerdo, y el recuerdo tiene la capa¬cidad o la potencia de generar deseo, y el deseo genera nuevamente una acción. El sistema opera¬cional del alma consta de karma, recuerdo y de¬seo. El alma es un haz de conciencia en el cual residen las semillas del karma, el recuerdo y el deseo. Cuando tomamos conciencia de esto, nos convertimos en generadores de realidad conscien¬tes. Tomando conciencia de las elecciones que hacemos, comenzamos a generar acciones que en¬cierran un proceso de evolución tanto para noso¬tros como para todos los que nos rodean. Y eso es todo lo que necesitamos hacer.
Mientras el karma sea evolutivo - tanto para el yo como para todos los afectados por el yo - los frutos del karma serán la felicidad y el éxito.

CÓMO APLICAR LA LEY DEL "KARMA" O DE CAUSA Y EFECTO

Pondré a funcionar la ley del karma compro¬metiéndome a hacer lo siguiente:

1) Hoy observaré las decisiones que tome en cada momento. Y con el simple hecho de observar esas decisiones, las traeré a mi conciencia. Sabré que la mejor manera de prepararme para cualquier momento en el futuro es estar totalmente consciente en el presente.

2) Siempre que haga una elección me formula¬ré dos preguntas: "¿Cuáles son las consecuen¬cias de esta decisión?" y "¿Traerá esta deci¬sión felicidad y realización tanto para mí como para aquellos a quienes afectará?"

3) Después le pediré orientación a mi corazón, y me dejaré guiar por su mensaje de bienes¬tar o de malestar. Si me siento a gusto con la decisión, seguiré adelante sin temor. Si la decisión me produce malestar, me detendré a mirar las consecuencias de mi acción con mi visión interior. Esta orientación me per¬mitirá tomar espontáneamente decisiones correctas tanto para mí como para todos los que me rodean.

lunes, 22 de febrero de 2010


El agua apaga el fuego que arde,
y el ayudar consigue el perdón de los pecados.
Del que hace el bien se acordarán después;
cuando resbale, encontrará quien lo sostenga.
Hijo mío, no te burles de quien vive en la aflicción,
ni desprecies al que vive amargamente.
No dejes sufrir al que esté necesitado,
ni te escondas del que esté abatido.
No hagas sufrir al que tiene el corazón afligido,
ni le niegues tu ayuda.
No rechaces al débil que te pide ayuda,
ni le des motivos para que te maldiga.
Si al sentirse triste y amargado levanta la voz,
el Creador escuchará sus gritos.
Hazte querer...
Escucha con atención...
Libra del opresor al oprimido...
Así Dios te llamará Hijo,
te amará y te salvará de la desgracia.


(Ecles.3,4-f) -("La Biblia Habla Hoy"-pág.716)

martes, 24 de noviembre de 2009


Tranquilidad


¡Tranquilidad perseverante en la vida!

Aunque venga la caída.

lo grave seria que muera la esperanza,

de ser lo que deseas, o tener lo que puedas.



La felicidad posea tu alma,

aunque rotas se vuelvan algunas cosas,

rota no se vuelva la sonrisa,

ni tampoco los sueños de victoria.



"La vida, serena y tormentosa

a veces cruel, otras hermosa"*

Valiente respira profundo,

disfruta ¡Aunque sea la derrota!



Muchas veces no hay logros,

si derrotas no vienen.

El cambio es necesario.

Cosas acontecen.



Por favor que no muera,

en ti nunca la esperanza,

los sueños y alegrías.

Eres un vencedor. ¡Disfruta!

Aunque derrotado,

triunfa a la derrota.


Javier R. Cinacchi